"No nos miramos a los ojos, queríamos alargar los momentos previos, no había que apresurar nada… tantos milenios habíamos esperado ya… Hice una reverencia a la que ella respondió sutilmente; entré, nos comunicamos, pero no con palabras, hubiera sido demasiado vulgar, poco armonioso con ese mundo y con aquel encuentro anhelado. Nuestro lenguaje consistió en un ritual de artístico de leves movimientos de brazos, manos o dedos acompañados de algún sentimiento que proyectábamos vibratoriamente. Cuando el leguaje hablado es insuficiente, el amor nos pide otras formas de comunicación."
Ami, el niño de las estrellas. Enrique Barrios.
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